Por Lic. José Luis Islas Pacheco. Cronista Municipal Vitalicio de Empalme

Eduardo "Negro" Peña nació en Empal­me, Sonora, por allá en la segunda déca­da del siglo XX, en una familia de clara e indiscutible tradición ferrocarrilera. Sus estudios fueron los que se podían hacer entonces, en los que la única esperanza era recibir los conocimientos de la educa­ción primaria. Trabajó en la industria fe­rroviaria, causa y motivo de la fundación de la ciudad, conocida hasta fines de la centuria como el centro ferrocarrilero más importante del noroeste.

De clara inteligencia y de gran percepción sobre su entorno, su instrucción fue auto­didacta. La lectura ocupó la mayor parte de sus años mozos, y de los que habrían de venir después en su formación adul­ta. Posiblemente fue en esa época de su vida, cuando descubrió sus grandes cuali­dades para la construcción de versos y de poemas, que brotaban de su inspiración como fuente inagotable de una inteligen­cia clara, consubstancial en un hombre que cantaba a la vida, a la amistad y a su tierra.

En cantos, versos y poesías de bella orga­nización y de inmarcesible frescura, dejó constancia de que era un hombre naci­do para expresar sentimientos solamente atribuibles a personas bendecidas con el don de la buena palabra y de la mejor rima.

El poeta empalmense era todo un bohemio trotamundos. Gustaba recorrer los más intricados caminos del alma huma­na. Conocía las costumbres sociales de sus congéneres y después volcaba esos conocimientos en sus escritos y versos. Su huella se pierde en las llanuras de Baja California.


“Canto a Empalme”

De Eduardo Peña López

 

Rosa de los vientos del deporte,

quiero que en estos vientos se recorte

tu figura gallarda, dulce, mansa...

¡que te sirva este canto de alabanza!

que sirva cual tributo a sus bondades,

al pueblo que perdonara las maldades

de mis locos arrebatos juveniles,

mezcla de poemas con acciones viles...

 

Que sirva cual homenaje permanente,

a las glorias sublimes de tu gente

del ayer lejano, hoy radiante...

y de los grandes que surjan adelante.

 

Quiero contar en historia descriptiva,

tu génesis desde la iniciativa

de un grupo de yaquis que impulsara

la unión de Nogales y Guadalajara

con dos cintas de hierro paralelas,

con múltiples laderos con espuelas,

garzas ahumadas de líquido opulento

donde toman agua las máquinas sedientas

y de la inmensa red de trajín infernal,

a ti te nombraron cuartel general...

 

¿Qué motivó semejante privilegio?

¿Fue un capricho de magnate egregio?

¿O la influencia de Guaymas fue el motivo,

que surgiera tu tinaco altivo,

tus ruidosos talleres altaneros

y toda tú, ciudad de peloteros?

Porque Guaymas fue la meta otrora,

de los ferrocarriles en Sonora,

y a ti, al vislumbrar Guadalajara,

la mente del magnate que te creara,

te asignaron como un punto abierto

al gran comercio del insigne puerto.

 

Y así ante el acecho de los yaquis,

naciste verde como un enorme oasis...

 

Tu tinaco semeja la atalaya

por donde miras a través de la muralla

del Samahuaca, del Gallo y Bacatete,

para ver que tu fama se respete,

fama que te ha servido de estandarte

en amor fraternal, músculo y arte,

que traspuso de la patria a la frontera

y así el mundo conociera...

 

Más, si tus afanes ya fueron coronados,

en deporte y en artes ignorados,

quedaron tus valores cívicos, piadosos

llenos de lucha ¡espíritus hermosos!

 

¿Acaso ahora el pueblo comprendía

que Juana Alcántar es tu dama pía?

¿O aquel ignorado Jesús Llanes

frenó del extranjero sus desmanes?

y en las luchas sociales de tus hombres

un álbum llenar famosos de nombres

que quedaron prendidos al sensato

monumento del glorioso sindicato,

con tus ansias mutualistas seculares

plasmadas en la Sociedad Benito Juárez,

y en ese amado, viejo relicario,

que semeja la Placita Centenario...

 

En periodismo luchando con lo adverso,

te dieron los Cázarez el tópico diverso…

 

En música te dio su primer beso,

aquel conjunto de Gilberto Obeso

para que ahora en dulce melodía,

te besaran los hermanos García

y en la cúspide destellan inmortales,

Beatriz Murillo y Eloísa de Corrales...

pero en deporte, pertinaz metamorfosis,

traspasaste el umbral de la apoteosis...

 

Fue en atletismo tu primera hazaña

debida toda al profesor Magaña,

cuando estrujaron el fondo de tu alma

los atletas del inquieto "Pepe" Palma,

donde marcaron con empuje de diluvio

Ignacio Blanco y "Malogrado" Rubio...

 

Donde vinieron las hazañas del boxeo

y Manuel Camacho en fiero forcejeo,

se hizo campeón llevando cual secuela,

al negro de Empalme, al "Mayo" Valenzue­la...


Fue entonces que el béisbol desplaya

al conjuro del paladín Tío Celaya,

que fincó tu tradición de beisbolista

con Ángel Castro el gran inicialista,

con el inmenso pitcher "Cochi" Valenzuela,

los que a su vez fundaron esa escuela

que te dio fama de grandes peloteros,

inspirados en la visión de los pioneros

que fueron "Chale" Vargas, Juan María,

Luis Flores, Ramón Valdez, David García,

"Chalío" Navarro, Murguía y "Lupe" Leal,

que cautivaron a la tribu actual

por su estoico heroísmo, por la gloria

de figuras de tu más bella historia...

 

Y así surgieron Alberto y Héctor Leal,

"Pancho" Alcaraz, el amateur inmortal,

"Kiri" Camacho, el cátcher de la era,

Martínez, Urías y "Bacatete" Fernández

con las glorias actuales más enhiesta

"Pilo" Gaspar y el gran "Nico" Genesta...

 

He ahí, pues, el compendio de tu bella,

grandiosa, magnífica epopeya

que recorre del mundo los senderos,

iOh mágica ciudad de peloteros!

(Publicada el Domingo 23 de Enero de 2022)