Autor del artículo: Ignacio Lagarda Lagarda Cronista Vitalicio del Municipio de Hermosillo
Autor del artículo: Ignacio Lagarda Lagarda Cronista Vitalicio del Municipio de Hermosillo
Breve historia de Hermosillo (desde 1699 hasta 1939)
En los últimos años del 1600…
En los últimos años del 1600, debido a la beligerante defensa de su territorio de parte de las tribus naturales de la región y un fundado temor que prevalecía entre los residentes españoles de la frontera norte de la Provincia de Sonora, se traducían en un paulatino abandono de los pueblos y reales de minas, por lo que, a finales de 1699, el Alférez Juan Bautista de Escalante, Teniente de Alcalde Mayor en el Real de Nuestra Señora del Rosario de Nacozari, cabo y caudillo de una escuadra de quince hombres, recibió la orden del General Domingo Jironza Petris de Cruzat de que se trasladara a la frontera poniente de la provincia y castigara a un grupo de seris salineros que habían atacado a las pacíficas comunidades indígenas del rumbo, que obligara a los indígenas desperdigados a vivir en pueblos, dieran obediencia al rey español, se hicieran cristianos, obedecieran a los misioneros jesuitas y que, al mismo tiempo, fundara o refundara pueblos en la región.
Para lograr su objetivo, el Alférez se trasladó a Cucurpe, de donde salió la mañana del 10 de mayo de 1700 y llegó al pueblo de Santa María Magdalena de los Tepocas, donde pasó la noche.
El 11 de mayo, viajó todo el día hasta llegar al pueblo de San José de Opodepe, donde pasó la noche.
El 12 de mayo, viajó todo el día hasta llegar al pueblo de Nacameri, donde se encontró con el padre Daniel Janusque. Allí pasó la noche.
El 13 de mayo, viajó hasta llegar al pueblo de Santa María del Pópulo, donde se encontró al padre Ádamo Gilg, ministro doctrinero de dicho pueblo, quien le dijo que le tenía una caballada de repuesto y bastimentos y que además lo acompañaría en su empresa, por lo que se quedó en ese pueblo hasta el día quince del mes.
El 16 de mayo salió del paraje rumbo al sur en compañía del padre Gilg, con destino a una ranchería llamada El Pitiquín (ver nota 1, al final del texto), identificada por Gilg como El Pitiquín de Pimas de Cocomacaques. Caminó tres leguas hasta que se le hizo de noche a la orilla del Río de Santa María del Pópulo, donde pernoctó.
El 17 de mayo, de Escalante prosiguió su camino hacia el sur, viajando diez leguas, y según sus propias palabras “hasta llegar al río que sale del Pueblo de San Francisco Javier de los Cocomacaques”, donde pasó la noche.
El 18 de mayo, Día de la Santísima Trinidad, continuó su marcha hasta llegar a la ranchería de El Pitiquín, donde fue recibido con arcos y cruces por el gobernador y sus justicias. Las autoridades tenían hechas tres casas de enramadas destinadas para él, el padre y sus soldados. Lo recibieron de rodillas puestos en dos filas dándole la obediencia a él y al padre Gilg.
En esa ranchería se encontró a dos justicias del pueblo de San Francisco Javier de Cocomacaques y a un capitán de guerra llamado Pedro Baricua, quienes sabiendo que venía en camino a esa ranchería, habían ido a esperarlo para ver qué se le ofrecía en nombre de su majestad.
Utilizando a Baricua como intérprete les explicó a los de El Pitiquín la razón de su visita y que le halagaba verlos juntos y le comentó al gobernador y a sus justicias que en el mes de febrero había pasado por allí rumbo al Mar del Sur en busca de unos salineros malhechores y que le había extrañado haber visto despoblada aquella tierra tan buena y que quería saber por qué la habían despoblado. Le respondieron “que habían despoblado esas tierras debido al temor de los continuos ataques de los seris salineros y que se habían ido pensando en regresar una vez que los seris se apaciguaran.
Que se habían ido con unos pimas parientes suyos cerca de los guaimas, en las cercanías del río giaquis y que habían regresado, una vez que se enteraron que los seris habían sido reducidos, a sembrar sus tierras y a bautizarse como se los había prometido el padre Ádamo Gilg, y que ahora y siempre vivirían en dicha ranchería y que harían pueblo en forma, agregando y llamando a otros de su misma nación para que vivan juntos y hagan iglesia”.
El alférez, por medio del mismo intérprete, les respondió que: “en nombre de su majestad les mandaba y mandé que asistieran en dicha ranchería, haciendo pueblo y iglesia, pues ya habían dado la obediencia por dos veces al rey ofreciendo lo mismo y así que no desamparasen sus tierras, ni dejasen de hacer lo que prometían, pues era servicio de Dios Nuestro Señor, que advirtiesen que de fallar a lo que ofrecían, serían después severamente castigados por rebeldes y pertinaces”. A lo que los indígenas le respondieron: “que no faltarían a lo propuesto porque ya los más de ellos eran cristianos, y pedían al Padre Rector Ádamo Gilg que bautizase los restantes, puesto que su Reverencia se ofrecía a administrarlos”.
De Escalante les propuso también que hicieran las paces con los indios salineros a lo que respondieron de buena voluntad que así lo harían. Se despidió de ellos esa noche, advirtiéndoles que al siguiente día les hablaría de nuevo y que dispusieran la construcción de una ermita para que el padre Ádamo Gilg les diera misa y los bautizara.
La mañana del 19 de mayo el padre Ádamo Gilg les dio misa en la ermita, rezando todas las oraciones y la doctrina cristiana y puestos en dos filas, hombres y mujeres, alabaron al Santísimo Sacramento en Castilla y una vez terminada la ceremonia, Bautista de Escalante les dio de nuevo un discurso e hizo que los indígenas de El Pitiquín, los seris de Santa María del Pópulo y los seris salineros, hicieran las paces dándose un abrazo unos con otros “mandándoles que en adelante no tuviesen guerras, sino que viviesen como cristianos y que tratasen unos con otros con ferias de la ropa de su uso y semillas de sus siembras. A lo que respondieron de una y otra parte: que así lo harían dándome muchas gracias por el bien que les hacía de asentar las paces.”
Y habiendo terminado con la ceremonia, de Escalante hizo un censo contando entre hombres, mujeres y niños a cien personas, quedando empadronados setenta y siete como cristianos, bautizando ese día el padre Gilg a doce niños quedando el resto, que completaban los cien, en quedar fijos y hacer pueblo. Ese día se despidió de ellos y se fue a pasar la noche en San Francisco Javier de los Cocomacaques. A partir de entonces, El Pitiquín de Pimas de Cocomacaques fue conocido como La Santísima Trinidad del Pitiquín o simplemente El Pitiquín.
En su informe de marzo de 1727, el virrey don Juan de Acuña, recomendó que el presidio de Sinaloa, localizado en la villa de San Felipe de Santiago, fuera removido más hacia el norte a unas 160 leguas, a un paraje conocido como “El Pitiquí”, a unas 20 leguas del mar.
El Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, fue aprobado el 22 de junio de 1741 y seguramente establecido o edificado durante el año de 1742.
No se tiene un documento, plano o referencia en el que se precise con exactitud, dónde fue construido El Presidio y tampoco existen ruinas del mismo, pero según el reporte de medición de la Hacienda del Pitic que el topógrafo Salvador Martín Bernal elaboró el 18 de julio de 1744 de su trabajo de medición se deduce que fue construido en la parte sur del cerrito de La Cruz, entre la Plaza de los Tres Pueblos y la Iglesia de la Virgen de La Candelaria, en Villa de Seris, hasta donde el sargento mayor don Agustín de Vildósola y Aldecoa, con el cargo de Gobernador y Capitán General Interino de Sonora y Sinaloa, se trasladó desde el presidio de San Carlos de Buenavista para instalarse al mando de un destacamento de cincuenta soldados.
Al fundarse el presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, los habitantes de La Santísima Trinidad del Pitiquín, optaron por abandonar su comunidad para instalarse a vivir alrededor del presidio con el fin de estar más seguros al amparo de la guarnición. Pasando dicha población a la historia como, “Pueblo Viejo” o “Iglesia Vieja”.
El 16 de julio de 1744 el Sargento Mayor don Agustín de Vildósola y Aldecoa, denuncia para sí, en base a una merced, un terreno de cuatro caballerías de tierra “para beneficiarlo, poblarlo y cultivarlo”. La medición de la tierra se realizó el 18 de julio de 1744, en pleno verano.
El terreno resultante, era un rectángulo de 3,500 varas (2,933 m) por 2,250 varas (1,885.5 m), con una superficie de 12.92 caballerías de tierra (553.01 hectáreas), mucho más de las cuatro caballerías que Vildósola había solicitado, cuyos vértices en la actualidad quedarían de la siguiente manera: el inferior suroeste, donde la calle Comonfort se bifurca en las calles Ángela Peralta y Obregón, en Villa de Seris, el vértice suroeste en la actual Cerrada de las Vendimias en la Colonia La Verbena, el vértice noroeste estaba en la esquina de las calles Quinta del Sol y Quinta Emilia de la colonia Las Quintas. El vértice noreste en la esquina de la calle Yánez y Niños Héroes. La saca de agua estaría hoy día, en las inmediaciones de las cuevas de Santa Martha.
Así nacía la que sería conocida después como La Hacienda del Pitic.
El Licenciado José Rafael Rodríguez Gallardo, en su calidad de Abogado de la Real Audiencia de la Nueva España, Juez Pesquisidor y Visitador General de la Gobernación de Sinaloa y Sonora, sus Presidios, Fronteras y Costas del Mar del Sur; y por órdenes del virrey Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, separó y retiró de su cargo de Gobernador y Capitán General de Sonora y Sinaloa a Agustín de Vildósola y Aldecoa y lo envió a comparecer a la ciudad de México y nombró como Teniente Interino del Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic a Juan Tomás de Velderráin, quién informó a los presos de la destitución del gobernador y puso en una especie de arresto domiciliario a Martín Bernal.
A finales de 1748 el Visitador José Rafael Rodríguez Gallardo decide cambiar el Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic hacia el Norte a un paraje llamado San Miguel, localizado entre el pueblo de Los Ángeles y el de Nuestra Señora del Pópulo. Quedándose la Hacienda del Pitic solamente rodeada de indios seris que se dedicaban a cultivar la tierra en los alrededores, aprovechando las aguas del río Sonora.
Para el año de 1782, en vista de las perspectivas de una vida segura en aquella región fértil de buenas posibilidades de riego, algunos colonos se habían establecido esperando la formalización de la fundación de una villa.
El 24 de febrero de 1783 el Comandante General de las Provincias Internas de Occidente Teodoro de Croix envió una carta al Visitador General en la Nueva España, José de Gálvez; con la que le remite un documento aprobado por la Corona titulado Plan de Pitic ideado por su capaz y letrado asesor Pedro Galindo Navarro. En el Plan de Pitic se establecían las normas y lineamientos para fundar una nueva población y la recomendación de disminuir paulatinamente los privilegios fiscales concedidos a los seris, ya que se consideraba que era una mala política para “comprar la paz”, porque creaba un “mal precedente con las demás naciones de indígenas”. Además el documento recomendaba que la Corona insistiera en obtener préstamos entre los comerciantes y los otros colonos de la Provincia, para poder lograr el establecimiento de la nueva población.
El documento anexaba una copia de las instrucciones giradas por el Comandante General al Gobernador Pedro de Corbalán para que, personalmente o mediante un Comisionado de su elección, procediera a fundar, la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic conforme a los planos elaborados por el ingeniero Manuel Agustín Mascaró.
En julio de ese mismo año don Teodoro de Croix solicitó que la Hacienda del Pitic recibiera el título de Villa. Mismo que le fue concedido por Real Orden, el 29 de agosto de 1783, denominándola Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic.
El ingeniero Manuel Agustín Mascaró se hizo cargo de la proyección de la nueva villa construyendo además, con un costo de tres mil pesos, un acueducto de cal y canto llamado “De la Comuna”, con el propósito de canalizar las aguas del río Sonora.
En 1784, acosados por el hambre, los seris en paz regresan de nuevo a la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic y se establecen en la banda sur del río Sonora donde se les proveyó de semilla de trigo para que la cultivaran, de cuyo acopio se encargó don Santiago Domínguez de Escobosa y fue el padre capellán del Presidio quien la distribuyó.
El apaciguamiento de los seris trajo consigo el primer repartimiento de tierras, ya que para entonces eran muchas las familias españolas asentadas en la región.
Un año después, en 1785, se llevó a cabo el primer reparto de tierras a la gran cantidad de familias españolas que atraídas por los tiempos de paz que en ella se vivían y a los indios pimas y seris que aceptaron asentarse en sus alrededores, habían acudido a establecerse en la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic. Repartimiento que fue hecho por el Comisionado Roque Guizarnotegui.
A los habitantes españoles de la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic se les asignaron ocho suertes de tierra de cuatrocientas varas de largo por doscientas de ancho (5.61 hectáreas), medidas por el ingeniero Gerónimo de la Rocha; tirando treinta y dos cordeles de longitud y ocho de longitud, de a cincuenta varas cada uno.
La parte norte del río fue repartida a los españoles entre los que destacaban: José Moreno, Francisco Acuña, Juan Antonio Estrada, Juan Buelna, Salvador Marciano Quintana, José Antonio Sánchez, Juan Pedro Luján, Juan Esteban Vidal, Juan Diego Vidal, Juan José Valencia, Juan Pujol, José María Vidal, Manuel de Monteagudo, José Tadeo Sánchez, Manuel del Valle, Joaquín de León, José María Castro y Juan López de Haro. En el cauce del río sobresalían las propiedades de Pablo Bernal, Rafael Díaz y las señoras Palacios. Por el rumbo del Parque Alameda estaban las propiedades de Pascual Íñigo, Agustín Pesqueira, Javier Ramírez y Melchor Sánchez.
A los indios pimas se les repartieron veinticinco suertes de tierra. Veinte en particular y cinco para el común, que, entre todas, formaron cincuenta cordeles de largo por dieciséis de ancho localizadas al oriente del Cerro de La Campana en lo que hoy son los barrios de El Ranchito y La Metalera.
A los indios seris se les asignaron en la banda sur del río desde una línea imaginaria entre el cerrito de La Cruz y el de La Conveniencia veintiséis suertes de tierra. Cinco para comunidad y veintiuna para particulares.
Para 1804 la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic tenía una extensión de seiscientos setenta pasos (933.31 m.) de longitud (norte-sur) y mil quinientos cuatro pasos (2,095.07 m), de latitud (este-oeste), equivalente a 195.5 hectáreas. Lo que significaba que partía desde la Plaza Zaragoza hasta la Capilla del Carmen, y desde la calle Don Luis (Serdán) hasta la calle Cucurpe (La que sube al cerro de La Campana). El Pueblo de Seris se localizaba a un cuarto de legua (1,047.5 m) al sur de la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic.
En la rivera del río se cultivaba maíz, trigo, legumbres, tabaco, cacao, vainilla, grana fina, grana silvestre, palo de tinta, pimienta de tabaco, purga de jalapa, ixtle y pita floja, zarzaparrilla, añil y madera fina.
Para finales del siglo XVIII, la villa ya tiene cerca de 500 habitantes y su traza urbana no tenía forma ordenada. Más bien es producto de su origen de una villa de frontera con un principio de carácter defensivo. Su forma obedece a tres condicionantes: el río Sonora que la limita al sur y la obliga a crecer hacia el norte en un eje paralelo al mismo cerro de La Campana que le brinda protección y seguridad y, finalmente, la demarcación de la Hacienda del Pitic que fue la que le dio su origen.
Al promulgarse la Constitución de Cádiz en 1812, que establecía la instalación de ayuntamientos en todos los pueblos de más de 1000 habitantes, por primera vez la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic tuvo el suyo.
El 19 de septiembre de 1820, al consumarse la Independencia y restablecerse la Constitución en España, en la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic entró en funciones como alcalde Manuel Escalante.
En 1827 La Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic, distante cuarenta y cinco leguas de Guaymas, era descrita como “una villa con la mayor extensión de todo el Estado, con ayuntamiento, cabeza de Partido. Como una población de ocho mil individuos de ambiente muy ameno hermoseada con huertas regadas por un río. Las calles irregulares y una iglesia deteriorada. Una abundante producción agrícola donde destacaba la producción de uva. Al poniente de la villa había una capilla llamada San Antonio que servía de paseo para los vecinos. A la margen opuesta del río se encontraba un pueblo de seris llamado San Pedro de la Conquista.
El 5 de septiembre de 1828, el Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Occidente declara a la Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic como Ciudad de Hermosillo, en honor de Don José María González de Hermosillo. Un militar que en las filas de Miguel Hidalgo y Costilla participó en la guerra de independencia, siendo derrotado el 8 de febrero de 1811 en San Ignacio Piaxtla, Sinaloa.
El 14 de octubre de 1830, el Estado Libre de Occidente se separa en los Estados de Sonora y Sinaloa. Hermosillo es declarada capital del Estado de Sonora y Culiacán de Sinaloa.
En 1843 Vicente Calvo describe así a la ciudad de Hermosillo: “…su aspecto es alegre y está situada en un terreno desigual en medio de un valle, al pié del cerro llamado de La Campana a causa de su sonido, que al golpearlo la vibración que recibe es igual al metal de la campana. A la margen opuesta del río (Sonora) se halla un pueblo de seris llamado San Pedro de la Conquista que está administrado por un eclesiástico de misión”.
“…Al examen prolijo del ojo observador se percibe un cierto aspecto morisco en la construcción de la ciudad. Las casas, como sucede en la mayor parte de las poblaciones de la República Mexicana, están dispuestas en manzanas y generalmente tienen únicamente un piso, cubierto con una azotea. Todas las manzanas de casas tienen igual tamaño y forman calles rectas, cortándose unas a otras en ángulos rectos”.
“La plaza es de regular extensión decorada con muchas casas que le dan una vista agradable; en ella está situada la iglesia, que está algo deteriorada, su construcción es de una nave clara, sin cúpula ni torre y sencillamente decorada en el interior. Hay además dos capillas, una de ellas (, la) que está cerca de la villa, se llama San Antonio, viene a ser una sucursal de la parroquia, y este paraje sirve como de paseo a los vecinos del Pitic; la otra se halla en uno de los barrios de la población, está recientemente construida, su arquitectura es del orden compuesto (o mixto) de forma elegante (…) esta capilla pertenece a Don Pascual Íñigo Ruiz Monteagudo”.
“En una palabra, esta ciudad presenta, por una parte, la apariencia de un desierto que comienza a ser habitado, por otra parte, parece una ciudad muy poblada. Por un lado hacen creer al viajero que va a visitar una gran capital. El Pitic puede ser considerado como una ciudad edificada sobre un modelo oriental que va tomando el aspecto de un pueblo europeo, exhibiendo en él toda una confusa mixtura de la más discorde arquitectura”.
Para 1845 José Francisco Velasco describía la ciudad de la siguiente manera: “Hermosillo era cabeza de Partido y descrita como una comunidad extensa que se extendía de oriente a poniente unas tres leguas y media (14.66 kilómetros) que se extendía hasta el cerrito El Chanate y una y media legua de sur a norte (6.28 kilómetros) desde el río hasta el cerro Colorado.”
“Al pié del cerro de La Campana corre de este a oeste el río poco caudaloso que riega las tierras que se cultivan desde San Juanito hasta El Chanate en la rivera norte y en la rivera sur, las labores del pueblo de seris que se extienden unas cuatro o cinco leguas. Por el centro de la población pasaba una acequia conocida como Del Común, porque de ella riegan todos los vecinos sus huertas.”
“Pegada al río y al pié del cerro de La Campana, pasa otra acequia conocida como Del Torreón, que riega las viñas de don Manuel Íñigo, las labores del Torreoncito y El Chanate.”
“De las compuertas que se encuentran en los patios de Juan José Buelna salía otra acequia que partía la población de norte a sur.”
“La plaza principal tenía cuatrocientas varas por cada lado, al este se encontraban las casas consistoriales y la cárcel pública, al oeste la parroquia y alrededor las casas particulares.”
“Al oeste de la ciudad, entre las labores, se encuentra la capilla de San Antonio, arruinada por las avenidas del río, al este, al pié de la calle Guamúchiles se encuentra la capilla Nuestra Señora del Carmen, construida para la devoción de don Pascual Íñigo y su esposa doña María Magdalena de la Trinidad Huguez de Anza.”
En septiembre de 1845 Leonardo Santoyo elabora un plano mostrando con detalle la distribución de las tierras y canales (acequias) partiendo de las tomas en el Río Sonora ubicadas al este, en las inmediaciones de lo que hoy es la cortina de la Presa Abelardo L. Rodríguez. La red de distribución a la margen derecha estaba conformada por tres canales principales: “San Benito” (para el riego zona norte); “Carrera-San Antonio”, también llamada “Del Común” (riego zona centro), y “El Torreón” (riego zona sur y oeste). Además, una serie de canales en la región utilizados para el riego de la superficie localizada entre el Cerro de la Campana, los Cerros de El Mariachi y el límite hidráulico del Río Sonora. El principal de ellos denominado “Del Ranero”.
El 23 de octubre de 1854, en la división política del Departamento se menciona a Seris como pueblo del distrito de Hermosillo.
El 3 de diciembre de 1862, en el Decreto No. 29 de la Ley Orgánica para el Gobierno y Administración Interior del Estado, el Pueblo de Seris es municipalidad del Distrito de Hermosillo.
En 1863 Víctor Adolphe Malte-Brun, un geógrafo francés describe a Hermosillo diciendo: “Hermosillo, el antiguo Presidio del Pitic, es el centro comercial de todas las riquezas de Sonora, está situado a alrededor de 30 leguas de la costa, en un valle de tres leguas y media de largo, por una y media de ancho, limitado al norte por una pequeña colina, al oeste por una cordillera llamada de El Chanate y al este por el cerro de La Campana, nombrado asó porque sus rocas cuando chocan producen un sonido parecido al de una campana.”
En 1864 Hermosillo es descrito así:
“Hermosillo está sobre la rivera derecha y al borde del río Sonora, del que se han derivado tres canales de dos o tres metros de anchura, que atraviesan la ciudad en toda su longitud, moviendo varios molinos de harina de trigo, tanto en el interior como el exterior, y regando los jardines y otros terrenos cultivados, de que está rodeada la ciudad.”
“Hay algunas casas bastante hermosas, los edificios públicos consisten en dos iglesias[1] y una gran casa, donde se encuentran las oficinas de la Prefectura, la Sala de Juntas del Ayuntamiento, el cuartel y la prisión; hay una casa de moneda.”
En 1878 Alphonse Luis Pinart, un historiador francés describe Hermosillo de la siguiente manera:
“…al sudeste de la ciudad y casi rodeado por ella se encuentra el cerro de La Campana. Es un cerro compuesto de una roca dura y blanca parecida al mármol. Si golpeamos con una piedra algunos de esos enormes bloques, que se desprendieron y rodaron hasta su base, producen un sonido argentífero y sonoro que hizo dar su nombre al cerro, el nombre de colina de la campana. Desde la cima de ese cerro se ve cómo la calle se extiende a lo lejos en el llano de Hermosillo. A nuestros pies está el lecho seco del río Sonora, cuyas aguas son llevadas por canales de irrigación a las diferentes haciendas que vemos alrededor de la ciudad.”
El 26 de abril de 1879, desde Ures, el Congreso del Estado emitió la Ley Número 57 “Ley que traslada interinamente la Capital del Estado a la ciudad de Hermosillo”. Publicada en LA CONSTITUCIÓN, Periódico Oficial del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Sonora. Siendo Carlos R. Ortiz; Presidente, y J. Corella y B. V. García; Secretarios; y Francisco Serna, Vicegobernador en funciones del poder Ejecutivo.
El 29 de diciembre de 1893, bajo la Ley No. 11, el Pueblo de Seris cambia a la categoría de Villa.
En 1895 aparece el primer plano de la ciudad de Hermosillo hasta ahora conocido, elaborado por el ingeniero civil Jesús M. Ainsa, llamado: PLANO TOPOGRÁFICO DEL FUNDO LEGAL DE HERMOSILLO, LEVANTADO POR ÓRDENES DEL AYUNTAMIENTO. Donde se dibujan los nombres de las calles, las manzanas numeradas, las acequias, los parques, las plazas, los terrenos de agricultura y la urbanización proyectada al norte de la avenida del ferrocarril y los seis cuarteles en los que se dividía la ciudad.
En 1900 la ciudad contaba con los siguientes barrios: Plaza de Armas, La Cohetera, La Carrera, Carmen, Morelos, El Parián, El Centro, La Hidalgo, El Cerro, La Alameda, La Frontera, Las Sabanillas, Los Laureles, La Pera, El Retiro, Pueblo Nuevo, Puente Colorado, Topahuito, San Benito y El Mercado.
Para 1902 se agregan el Cuartel VI y el Cuartel VII y para 1903, el Barrio El Depot.
El 5 de diciembre de 1903, mediante el Decreto No. 12, se suprime la municipalidad de Villa de Seris agregándose su territorio a Hermosillo.
El 22 de agosto de 1911, mediante el Decreto No. 99, Villa de Seris es erigida en municipalidad del Distrito de Hermosillo.
El 29 de julio de 1916, mediante el Decreto No. 64, Villa de Seris es municipio libre del Distrito de Hermosillo.
El 31 de diciembre de 1930, mediante la Ley No. 68, se suprime el municipio de Villa de Seris agregándose su territorio a Hermosillo.
El sábado 28 de noviembre de 1931 - siendo gobernador del estado Rodolfo Elías Calles - se publicó la Ley No. 18 que erige en municipio libre el poblado de Villa de Seris.
El 7 de julio de 1934, mediante la Ley No. 68, se segregan de la municipalidad de Villa de Seris, las comisarías de La Colorada, San José, Moradillas, Tecoripa, San Javier y Suaqui Grande.
El 27 de mayo de 1939, mediante la Ley No. 127 se suprime el municipio de Villa de Seris agregándose su territorio al municipio de Hermosillo a excepción de la comisaría de Estación Serdán, que se agrega al municipio de La Colorada.
Notas:
[1] El toponímico pitiquín es una descomposición del vocablo pitiquim, que proviene de la lengua cahíta compuesta de piti, apócope de pitia, que significa rodear, aprensar, oprimir y quim, que es una corrupción de jaquiam, plural de jaquía, que significa arroyo, por lo tanto, podemos decir que pitiquín significa: lugar rodeado por arroyos. Aunque algunos lo traducen como: lugar donde se juntan los ríos. Los pápagos utilizan la palabra para designar a una horqueta, que es una Y griega que forman las ramas de un árbol (López Yescas Ernesto 1990).
[2] Se refiere a la Catedral y a la capilla del Carmen, ya que la iglesia de San Antonio en esas fechas había sido abandonada por los daños causados por el las avenidas del río.
Fuentes Consultadas
1. Bojórquez Jusaino María del Carmen. Del Pitic a Distrito de Hermosillo. La colonización del espacio, 1744 – 1852. Una descripción a través de la privatización de la tierra. Tesis profesional. Licenciatura en Historia Universidad de Sonora, 2004.
2. Borrero Silva María del Valle. Fundación y primeros años de la Gobernación de Sonora y Sinaloa 1732-1750. Hermosillo, Son. El Colegio de Sonora. 2004.
3. Calvo Vicente. Descripción política, moral y comercial del departamento de Sonora en la república Mexicana 1843. Instituto Nacional de Antropología e Historia. Colección Científica 58. México, D. F. 2006.
4. Escudero de José Agustín. Noticias estadísticas de Sonora y Sinaloa (1849). Colección Alforja del Tiempo. Universidad de Sonora. 1997.
5. Galaz Fernando A. Dejaron huella en el Hermosillo de ayer y de hoy. Crónicas de Hermosillo de 1700 a 1967. Gobierno del Estado de Sonora. Hermosillo, Sonora. 1996.
6. García y Alva Federico. Álbum-Directorio del Estado de Sonora 1905-1907. Gobierno del Estado de Sonora. Edición Facsimilar. Abril de 2005.
7. Instituto Sonorense de Cultura. Memorias del Simposio Juan Bautista de Escalante. Hermosillo en el tiempo 1700-2000. Hermosillo, Sonora. 2000.
8. Instituto Sonorense de Cultura. Autos de Guerra practicados por el Alférez Juan Bautista de Escalante, año de 1700. Paleografía de Armando Quijada Hernández. Hermosillo, Sonora. 2000.
9. Lagarda Lagarda Ignacio. Historia de Hermosillo, origen, fundo legal, antiguos ejidos. Ayuntamiento de Hermosillo. Hermosillo, Sonora. 2008.
10. Malte-Brun Víctor Adolphe. Sonora y sus minas. Esbozo Geográfico. Universidad de Sonora. Colección Folletohistoria No. 1. 1998.
11. Molina Molina Flavio. Historia de Hermosillo Antiguo. En memoria del aniversario doscientos de haber recibido el título de Villa de San Pedro de la Conquista del Pitic (1783-1983). Edición del Autor. Hermosillo, Sonora. 1983.
12. Molina Molina Flavio. Nombres Geográficos Indígenas de Sonora. Edición del autor. Hermosillo, Sonora. 1986.
13. Molina Molina Flavio. Ciudad de Hermosillo 1910-1993. Instituto Sonorense de Cultura. Hermosillo, Sonora 2001.
14. Pinart Alphonse Luis. Viaje por Sonora. Editado y anotado por Julio César Montané Martí. Instituto Sonorense de Cultura. 1998.
15. Velasco José Francisco. Noticias Estadísticas del Estado de Sonora 1850. Gobierno del Estado de Sonora. 1985.
16. El Plan de Pitic. Margadant S. Guillermo F. Boletín Mexicano de Derecho Comparado, 62 (19889, Pp: 699-715. (Edición de Internet proporcionada por José Marcos Medina Bustos).
17. Cuaderno separado en que se contiene la averiguación del tiempo y calidad del trabajo de los indos presos en el Real Presidio de San Pedro de la Conquista, su ocupación, modo y forma de su paga; y si los castigos fueron correspondientes o inmoderados; y providencias dadas sobre su soltura y restitución a sus pueblos, de 1748. Rodríguez Gallardo José Rafael. Archivo General de la Nación, Inquisición, Vol. 1282, fs. 366-422. Citado por Molina, 1984.
18. Instrucciones que se han de observar para el establecimiento de los indios reducidos de la nación seri en las inmediaciones del Presidio del Pitic. Corbalán Pedro. Carta a don Pedro Mejía. Real de los Álamos 1771.Citado por Molina, 1983.